Hace bastantes años, creo en 1964, conocí a Jorge López y Velázquez a través de una compañera de trabajo y amiga llamada Graciela, posteriormente pasamos a trabajar a la OficIalía Mayor de la SRA. (Secretaría de la Reforma Agraria.) Ahí conocí a Nayra Pérez Brena y a Avilio Vera Aldana, nos hicimos muy amigos y fuimos juntos a pasear a diversos lugares. 

Yo estudiaba inglés en el Coronet Hall, y ellos en algunas ocasiones me sonsacaban para ir a otro lado, que al cine, que a comer… Una vez fuimos a bailar a un café que todavía está por el Cantil, rumbo a Cuernavaca, por la carretera vieja. En dos o tres ocasiones Jorge llevó a mi hijo Hugo, quien tenía 6 o 7 años, a Ciudad Satélite, cuando empezaban las maquinitas para jugar y que a él le gustaban mucho.

Avilio estudió en la Vocacional # 5 y tuvo de compañero a Ernesto Zedillo, el expresidente. A través de él sabíamos lo que pasaba en el movimiento Estudiantil de 1968. A veces no llegaba a la oficina, porque lo detenían; estuvo presente en la masacre de Tlatelolco. En ese entonces no podían estar más de tres empleados hablando, porque estaba prohibido. Los periódicos sacaban muy poca información, muchas veces la única manera de enterarse era en conversaciones.

Nayra y Jorge empezaron a gustarse, pero ella tenía un novio con quien finalmente se casó en 1969. Jorge, aun cuando la quería, nunca dijo nada. Avilio, mis hijos y yo fuimos a Oaxaca a la boda, Jorge no.

En 1992 empecé a construir mi casa en San Andrés Totoltepec, hoy Alcaldía de Tlalpan, en un terreno que compramos entre dos hermanas y yo. Como se me acabó el dinero, fui a ver a Jorge quien era Consejero en ese entonces y le pedí dinero prestado; me dijo que dinero no tenía, pero me ofrecía trabajar con él. Acepté y trabajé como 6 meses, hasta que ahorré lo suficiente para poner las ventanas. Después él salió de las Consultorías, donde también trabajaba Avilio, y dejamos de saber de él.

Buscamos a Jorge por todos lados, con amigos y conocidos, pero nada.

En mayo de este año, Nayra me habló –ella ahora vive en Tijuana con su hijo, que es maestro en la Universidad– para decirme que Jorge “el niño perdido” tenía un mes buscándome a través de Facebook. Finalmente, después de casi 27 años, nos comunicamos por esa vía. Me escribió que se fue a vivir a Nueva York, después a Aguascalientes y actualmente radica en Querétaro. Él recuerda (aunque yo no) que no tenía trabajo, y que le dije buscara a mi jefe de ese entonces, lo hizo y fue Consejero y Oficial Mayor entre otros cargos importantes.

Ahora nos escribimos vía Face. Me emocionó mucho saber de él y le avisé a nuestro amigo Avilio.

Gracias, maestro, por lo recuerdos.

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