De pequeña no recuerdo qué comía, pero desde que tuve uso de razón la carne de puerco nunca me gustó. Mi abuela y madre, muy frecuentemente hacían diversos platillos, en muchos casos la base principal era la carne de puerco. Cuando veía los gordos de grasa pegados a la carne casi vomitaba, creo que me comía el acompañamiento del guiso pero no la carne.
No nos daban aceite de bacalao en cucharadas, pero sí en cápsulas, la famosa Emulsión de Scott, creo que así se escribe. A muchos niños los purgaban, a nosotros no, creo que mi papá era de avanzada, porque no nos obligaba. Por eso recuerdo con mucho amor a mi padre.