Recuerdo a una amiguita de la escuela primaria, allá por los cuarenta y tantos, llamada Virginia Sedano. Vivía cerca de la casa de mi tía, María De Jesús Delgado; en la calle existía una iglesia. Le decían “Nexpa”, en su casa había árboles frutales y un río que venía desde Zacatepec, ahí conocí cómo se dan los plátanos. Pocas veces fui a su casa, pero éramos muy unidas en la escuela, a veces compartíamos lo que nos ponían para comer en el recreo.
Frente a mi casa tenía a otra amiguita llamada Rosa, ahí siempre andábamos trepadas en los árboles o en el techo de una casa que era de palma. Jugábamos al circo, poníamos una reata gruesa amarrada a los árboles y con un palo nos auxiliábamos para caminar sobre ella, a ver quién tenía mejor equilibrio o quién aguantaba más. Una vez pusimos un columpio con un leño de asiento, recuerdo que se recorrió la reata y el leño me rasgó el brazo derecho, todavía tengo la cicatriz, porque, no obstante que mi padre me curó, mi abuela me puso grasa y se me desprendió la costra, lo cual quería evitar mi padre.
También recuerdo a otra vecinita llamada Cristina, quién tenía como 12 años y yo 8. Me enseñó a tejer y escuchábamos en la XEW o en la XEQ “La Hora de Ellas”. Todo esto sucedió en el pueblo de Jojutla Morelos