Vivía en Cuernavaca, Estado de Morelos, cuando terminé la primaria. Al principio no quise ir a la Secundaria y quise estudiar Comercio. Había una escuela comercial de monjas en el centro de Cuernavaca, yo vivía por el Casino de la Selva y le dije a mi papá que me inscribiera ahí. Para mi sorpresa, el primer día de clases nos informaron que tenían que desocupar el local y se iban al Convento, que estaba ubicado por mi rumbo. Estuve yendo un tiempo. Recuerdo que tuve un sueño y se lo platiqué a una monja, ella me dijo que era un llamado de Dios para que ingresara al Convento. No soy católica Romana. Me inscribí ahí porque yo quería ir al centro, así que le dije a mi padre que buscara otro lugar. Encontramos una llamada “Escuela Práctica Comercial”, que estaba un poco más abajo de la Catedral, también cerca del Palacio de Gobierno. Me quedé ahí, por cierto que hasta estaba en la banda y tocaba el tambor en los desfiles.
Años más tarde, cuando ya tenía a mis hijos, empecé a estudiar la secundaria abierta. Fue muy impactante, fui pionera de este sistema. Mi sobrina Sandra, quien era maestra, me mantuvo informada. Recuerdo que fue idea de Rosa Luz Alegría, Secretaria de Educación Pública, allá por 1977. En mis primeras lecturas sentí que me había quitado un velo de los ojos. La terminé, pero cuando fue el examen de admisión a Preparatoria no tenía todavía mi certificado. En ese tiempo —1978— mi hija Leslíe ya había salido del CCH SUR y mi hijo pasaba a quinto semestre. Me fui de oyente a este plantel, al año siguiente hice el examen de admisión y logré entrar; pero esa ya es otra historia…