Recuerdo que mi abuelita siempre tenía plantas en macetas y me fascinaba ver cómo las cuidaba, posiblemente de ahí me gustaron. Cuando vivíamos en Cuernavaca sembré claveles en una maceta y los puse en la terraza que también me servía de recámara. Después nos cambiamos a un enorme terreno, con casa, de uno de mis medios hermanos, quien vivía en la ahora Ciudad de México, tenía un espacio abierto para una alberca y algunos árboles pequeños. Ahí sembré algunas plantas.
Cuando llegamos a la Cd. De México tenía dos plantas en lo que era la entrada al departamento. Finalmente, en 1981 dos hermanas y yo compramos un terreno en San Andrés Totoltepec, ahora Alcaldía de Tlalpan. Se me hizo tener muchos árboles y plantas de ornato. La primera fracción es mía, la segunda de mi hermana Dora y la tercera de Emma, pero ella se fue a vivir a Estados Unidos y en 2005, me parece, se lo vendió a mi hija Leslie.
Las plantas que más me gustan y tengo sembradas son:
La Nochebuena, de origen azteca, su nombre náhuatl es “Flor de Fuego”, son de Centroamérica y México, abundan en el Sureste de Guerrero, Oaxaca y Chiapas. También se le conoce con muchos otros nombres como Pascua o de Fuego. Cuentan que uno de los notables Emperadores Moctezuma, quién la descubrió en Taxco, Guerrero, la llevó a su palacio en la Ciudad de Tenochtitlan.
La Bugambilia, originaria de América del Sur, Perú, Brasil y Argentina. Aparte de ornato tiene propiedades medicinales para las vías respiratorias, entre otras. Florece a finales de primavera y verano.
La Llamarada: Es una enredadera de color naranja tipo árbol, su origen es de América del Sur, su follaje es verde y la flor se ve como una especie de tubitos de aproximadamente 8 cm. La Jacaranda: Es nativa de Perú, Brasil, Bolivia, el norte de Argentina y Paraguay.
En la casa donde vivo hay cinco bugambilias de diferentes colores, una jacaranda grandísima y hermosa que me recuerda cuando iba a Ciudad Universitaria –con sus flores azul violeta sobre el pasto verde– y una llamarada. Ahí también sembré una nochebuena que estaba hermosísima, pero en una helada se secó. Rescaté unas ramitas y están en la casa que tenemos más abajo, donde también hay dos bugambilias y una llamarada.
Soy feliz con mis plantas.