Es un poco difícil seleccionar a cinco amigos, aun cuando soy poco amiguera. Crecí en una familia en la que, en ese entonces, entre sobrinos y primos –más o menos de mi edad– éramos alrededor de 15, ya viviendo en el Distrito Federal.
En Cuernavaca, Morelos, estando en la primaria conocí a Porfirio Flores Ayala. Yo asistía a la Escuela pública ¨Felipe Neri¨ y él a la secundaria privada ¨Cristóbal Colón¨, pero teníamos un maestro de Deportes en común, así que éramos contrincantes. Porfirio perdió a su mamá en un accidente y el hermano de ella, que era sacerdote, no quiso que encarcelaran al responsable. Después, en 1954, nos venimos a radicar al Distrito Federal, pero continuamos con la amistad. Yo me casé en 1959 y tuve dos hijos; él estudió Economía en CU y daba clases en la Prepa 7. Le ayudé a hacer su tesis y más tarde tuvo varios cargos en el Gobierno de Morelos, entre ellos Presidente Municipal de Cuernavaca en 1976. A punto estuve de regresar a Cuernavaca para trabajar con él, pero por cosas del destino no fue así, lo que me permitió empezar a estudiar y entrar a CU a la carrera de Ciencias Políticas. Por ahí del 95 puso una empresa de servicios para trabajadores del Instituto Mexicano del Seguro Social, en la que trabajé finalmente como un año. Murió en diciembre del 2011. Es el primero de los cinco de los que escribo que se va.
Cuando entré a trabajar al Departamento de Asuntos Agrarios y Colonización en 1960, conocí a mi amiga Cristina Hernández, ella tuvo tres hijos, yo dos de edades aproximadas a los suyos. Cuando estuvieron en edad apropiada salíamos mucho juntos a pasear, a fiestas de niños, etc. Trabajamos juntas hasta 1987, año en que me jubilé. Ella todavía se quedó, su esposo estudio en la Escuela de artes de San Carlos. En 1985 invité a varios compañeros a formar un grupo de solicitantes de vivienda dos meses antes de los sismos, después continué con todo el trabajo que trajo la reconstrucción del Centro Histórico, junto con mi hija y otros camaradas del PRT, pero sin dejar mi área de solicitantes de vivienda, mientras que uno de sus hijos quedó en un proyecto de vivienda en la Delegación de Tláhuac, el cual se construyó en 1993.
En 1964, cuando cambió el nombre del lugar donde trabajaba a “Secretaría de la Reforma Agraria”, conocí a Nayra Pérez Brena, sobrina de un exgobernador de Oaxaca, creo que Torres Brena. Ella venía con el equipo del Oficial Mayor Everardo G. Varela, también originario de Oaxaca. Yo trabajaba en la Oficialía Mayor. Ella tenía una hermana y tres hermanos, uno de ellos estudiaba en el Colegio Militar la carrera de Arquitectura; que por cierto, cuando el Movimiento de 1968, le dijo que no anduviéramos metidas en eso, porque si nos veía no iba hacer ninguna distinción y nos tendría que golpear. Como la Secretaría estaba en Izazaga casi esquina con Pino Suárez, nos llevaron al famoso desagravio a la bandera en el zócalo. Íbamos a Acapulco a celebrar los 25 años de casados de sus papás, fue muy difícil cruzar el centro pues se estaba llevando a cabo la Marcha del Silencio. Fue muy impactante.
También nos gustaba mucho ir al cine, fuimos de paseo a muchos lugares con su familia y mis hijos. Después se casó y tuvo un hijo llamado Diego Romero Pérez, actualmente él da clases en la Universidad de Baja California; ella vive en Oaxaca, aunque posiblemente se vaya a vivir con él. Aún nos frecuentamos mucho.
Conocí a Avilio Vera Aldana cuando entró a trabajar a la Oficialía Mayor, estudiaba Economía en el Politécnico Nacional y tenía de compañero a Ernesto Zedillo, expresidente de México. Varias veces no llegó a trabajar porque estaba detenido; estuvo en la matanza de Tlatelolco, nos platicó el terror que vivieron los estudiantes. En ese entonces en las oficinas estaba prohibido estar más de tres personas platicando. Los medios oficiales no informaban la verdad; había un periódico que editaba Heberto Castillo llamado “Por qué” en el que informaban al pueblo, pero era un poco –o muy– clandestino. Avilio está casado, tuvo seis hijos varones, se le han muerto dos. Es originario de Oaxaca. Aún nos frecuentamos.
Alfonso Casados Borde, lo conocí en 1970, primero fue mi compañero en una Consultoría de la S.R.A., después mi Jefe. Es de los pocos priistas progresistas de los que puedo hablar bien; es una persona inteligente y noble que trata de ayudar a la gente. En 1983, cuando nos despidieron a 8 empleados de la Dirección General del Jurídico por defender a cientos de trabajadores de Contrato de Honorarios –siendo yo la única mujer– por instancias del sindicato, y porque habíamos formado una corriente Democrática al interior de la Secretaría, él era Director de Investigaciones Políticas en la Secretaría de Gobernación. Trató de ayudarme con mi reinstalación, cosa que le agradecí, pero no podía dejar atrás a mis compañeros. Finalmente ganamos, pero ésa es otra historia. Actualmente Alfonso, o Poncho como le digo, da clases en la Facultad de Derecho de la UNAM. Está casado con Adriana Segovia y tienen dos hijos.