Compré un terreno en San Andrés Totoltepec en el año de 1981 (junto con otras dos hermanas), pero fue hasta 1992, cuando vendí un departamento que había sacado a través del ISSSTE, que pude empezar a construir una casa dúplex. Mi hermana Belinda, arquitecta recién egresada de la UAM-Xochimilco (quien ya murió) diseñó y dirigió la construcción.
A finales de 1993, empezamos a reunirnos algunos vecinos para discutir sobre la seguridad, el estado de las calles, la luz y elagua. En ese lugar existía una ZEDEC (Zona de Desarrollo Controlado) –donde hasta hace poco vivió Roberto Madrazo, excandidato del PRI a la presidencia– conocida como Cipreses, con terrenos de 5,000 m2. Ellos tuvieron agua entubada desde que llegaron, ya que ahí está la casa que perteneció al famoso “Negro Durazo” que ahora alberga, en una parte creo confiscada, “La Academia Mexicana de las Ciencias”, perteneciente a la UNAM. Después empezaron a recortarles el agua, por lo cual nos unimos vecinos de toda la zona.
Tuvimos muchas reuniones con diversos directores y delegados de ese entonces; se consiguieron varias cosas como postes para luz, introducción de Correos y seguridad, pero del agua tuvimos respuesta hasta 2005, a través de un Fideicomiso y con el delegado Eliseo Moyao. Ahora puedo decirlo, nos ayudó a través de Rosario Ibarra, a quien conocemos bien. Él perteneció a la ACNR (Asociación Cívica Nacional Revolucionaria), asociación que apoyó a Rosario cuando el PRT la postuló como candidata a la presidencia de la República, época en la que yo pertenecía a una asociación del movimiento de los Sismos de 1985.
Entramos al proyecto 500 familias, tras un sinnúmero de trámites e idas y venidas a la Delegación, pero finalmente tuvimos agua. Sin embargo, resulta que cada vez que cambian las autoridades nos quitan el agua y hay que andar, de nuevo, de la seca a meca, por lo que nos constituimos en una asociación civil llamada “Asociación de Vecinos Aledaños a la Casa Tlalpan”.
Con el tiempo todos los integrantes de la mesa directiva empezaron a salirse o a irse del rumbo; quedamos dos y finalmente el que fungía como presidente se fue y me dejó sola, de esto hace como tres o cuatro años.
Ahora cambié de método, hago escritos y pido por calles que firmen, pero no quito el dedo del renglón. Recién me invitaron a participar en un grupo de Tlalpan –del PRI–, pero le dije al dirigente que no pertenezco a ningún partido, que no iba a pedir cuotas a los vecinos y que yo seguiría participando sola. De todas formas informo de las actividades a algunos vecinos.
Esto sería la fuerza de voluntad ,opuesta a mis sentimientos, por una cuestión moral.