Afortunadamente he tenido varios logros con los cuales me he sentido satisfecha emocionalmente, pues me han costado mucho trabajo y en algunas ocasiones también dinero. Sólo escribiré de dos de ellos: mi carrera profesional y mi participación en los Sismos de 1985.

Algo muy impactante en mi vida fue cuando empecé a estudiar la secundaria abierta, fui pionera de este Sistema; mi sobrina Sandra, quien es maestra, me mantuvo informada. Recuerdo fue idea de Luz María Alegría, Secretaria de Educación Pública allá por 1977. Desde mis primeras lecturas sentí que me había quitado un velo de los ojos. La terminé, pero cuando fue el examen de admisión a la Preparatoria no tenía todavía mi certificado. En ese tiempo, en 1978, mi hija Leslíe ya había salido del CCH y mi hijo Hugo pasaba a 5º semestre. Me fui de oyente a su plantel. Al año siguiente hice el examen de admisión y logré entrar poniendo en todas las opciones al CCH Sur. Algo insólito que ocurrió fue que hablé con todos mis maestros y la Dirección me reconoció los estudios del año que asistí como oyente, así que oficialmente lo hice en dos años en lugar de tres. Siempre conté con el apoyo incondicional de mis hijos, a quienes agradezco infinitamente su ayuda. Después, de 1981 a 1984 estudié Ciencias políticas en Ciudad Universitaria.

En 1985 invité a varios compañeros de la Secretaría de la Reforma Agraria, que se encontraba en Bolívar y Fray Servando Teresa de Mier, a formar un grupo de solicitantes de vivienda. Nos prestaron, para hacer nuestras juntas informativas, un salón de actividades propiedad de la Iglesia Anglicana que se encuentra en mesones No. 139, en el centro de la Ciudad. Éramos tres o cuatro convocantes, Leslíe, Jorge Sánchez y yo.

Apenas habíamos tenido algunas reuniones cuando, el 19 de Septiembre, el primer temblor sacudió a la Ciudad de México. Yo vivía en un departamento en el cuarto piso, recuerdo cómo se azotaban las puertas, mi hijo no podía vestirse del movimiento tan terrible. Cuando bajábamos las escaleras, un vecino, en lugar de salir cargando alguno de sus hijos, salió con sus pericos, ahora lo recuerdo con risa, pero no fue así en ese momento. Cuando subimos de nuevo al departamento mi hija Leslíe llamó por teléfono para decirme que no fuera a trabajar, que la ciudad era un caos.

 Mi hija y otras dos personas se ofrecieron de voluntarios, les pidieron acarrear cadáveres. Era terrible ver en el –en ese entonces– Estadio de Béisbol Parque Delta (en Cuauhtémoc y Viaducto Miguel Alemán) el centenar de bolsas con cuerpos. Posteriormente me integré con otros compañeros del Partido de la Revolución de los Trabajadores (PRT), recuerdo que llevamos un tambo de éter del Hospital Juárez a otro ubicado cerca de Inguarán, a oscuras, en silencio y con bastante temor.

Algunos compañeros de la Secretaría, donde yo era disidente del sindicato, quienes vivían en Isabel la Católica 93 y 91 me pidieron que los ayudara pues habían salido seriamente afectados. A duras penas logramos entrar, pues el ejército mantenía acordonado el Centro Histórico. Convocamos a una junta en el predio de Isabela La Católica #93 y llegaron personas de muchísimos predios. En una de nuestras marchas nos unimos a la de Tlatelolco, quienes eran de los más afectados. Una comisión –entre ellos Leslíe– logró entrar y fueron recibidos por el Presidente de la República: Miguel de la Madrid. El 11 de octubre salió un Decreto Expropiatorio, esa misma noche por instrucciones del Presidente acudió el Arq. Parcero López quien había sido nombrado el Encargado de Renovación Habitacional Popular a nuestra organización, para inspeccionar los predios dañados que no habían sido incluidos.

Dicho Decreto tuvo muchos errores, lo que nos permitió impugnarlo y meter 60 predios de nuestra organización que habíamos formado el 29 de Septiembre, llamada Unión de Inquilinos y Damnificados del Centro. Además, el gobierno quería que los damnificados salieran del centro histórico, por lo que los vecinos tenían miedo de que los mandaran a la periferia de la Ciudad. Se dio una lucha larga y difícil para que esto no sucediera, pues las vecindades en su mayoría estaban catalogadas como monumentos históricos.

Cuando se ganó la reconstrucción, el gobierno creó una Dirección llamada Renovación Habitacional Popular. La UAM-Azcapotzalco, a través del Arq. Sergio Tamayo, jugó un papel primordial, pues un grupo de pasantes de arquitectura realizaron los proyectos de las vecindades, así como los maestros Arturo Alavid y el Arq. Víctor Bárcenas, quienes estuvieron presentes. Los damnificados contaron todo el tiempo con su valioso apoyo. Además se suscitaron muchas discusiones entre la UAM y el INAH (Instituto Nacional de Antropología e Historia), pues no querían que se abriera ni siquiera una ventana en los edificios históricos. Los vecinos se tuvieron que ir a campamentos que puso el gobierno, se logró que éstos estuvieran cercanos a su domicilio.

En la cuestión social, se hicieron distintas actividades como una peregrinación a la Villa, festividades artísticas con el grupo de Toño Canica, recordando a John Lennon, y bailes en las calles. En diciembre de ese año se le solicitó al Delegado Enrique Jackson –de la Delegación Cuauhtémoc– que entregara unos pollos para las festividades de Navidad, sin embargo los llevó la diputada del PRI Jarmila Olmedo, lo que ocasionó que, de manera insólita, los vecinos de los predios, aún con la necesidad existente, los rechazaran. Esto fue un gran logro.

También se hizo un viaje al extranjero –financiado por el PRT– para solicitar ayuda internacional. HEKS, una Fundación de iglesias evangélicas en Suiza, debido a la desconfianza hacia el gobierno, trató directamente con las organizaciones y dio donativos a la UIDC para 102 acciones. Aquí intervino en la construcción y en los proyectos el Arq. Roitman, en particular en los predios de Isabel la Católica 137, San jerónimo 58 y Fray Servando Teresa de Mier 344.

Después se continuó con los grupos de solicitantes de vivienda, llegaron cientos, pero el gobierno no tuvo ni capacidad ni dinero, pues tenían que buscarse terrenos a muy bajo precio. Se recorrió casi toda la Ciudad de México, nosotros sólo construimos en un predio: un terreno de 22,000 m2 para alrededor de 550 familias ubicado en Juan de Dios Peza, Tláhuac. Estas viviendas se entregaron en 1993.

Algo muy importante fue que la izquierda de ese entonces se movilizó y fue su oportunidad para organizar y solidarizarse, ya que en la mayoría de los predios la gente era del PRI. Incluso algunos comités abandonaron dicho partido. Así surgió la Coordinadora Única de Damnificados (CUD) el 24 de octubre de 1985, la cual reunió a todas las organizaciones.

Estoy segura que todas estas familias aprendieron a organizarse y perdieron el miedo.

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