En 1967 trabajaba en la Secretaría de la Reforma Agraria. Compré un departamento ubicado en Plutarco Elías Calles. Mis padres y hermanos se fueron a vivir con nosotros, pero en 1971 otra hermana compró un departamento y se fueron a vivir con ella. Mis hijos tendrían 9 y 10 años cuando nos quedamos solos. 

Como recibía mi salario quincenalmente, hacía mi compa en la tienda del ISSSTE, que todavía se encuentra en la calle de Coruña. Por cierto, que por ese rumbo mis hijos fueron a la primaria “Basilio Vadillo” y a la “Secundaria no. 59”. Siempre he tratado de ser previsora, así que compraba lo suficiente para la quincena, pero compraba latas de comida para los últimos días, por aquello de las dudas. Aun así, siempre al final me faltaban latas, huevos y papel sanitario.

Posteriormente me di cuenta de que teníamos unos vecinos en la planta baja, un matrimonio con dos hijos, quienes eran amigos de mis hijos e invariablemente subían para pedirle algo a mi hija Leslíe. Además, a veces subía gente ajena al edificio a pedir algo.

Un día, cuando le pregunté a mi hija por qué siempre faltaba algo de la comida me dijo: “Es que Paco o Memo tienen hambre y todavía no llega su mamá y les doy algo para que coman, mientras llega, y también vienen a pedir limosna y como no tengo dinero les doy latas de atún”. Hasta la fecha sigue siendo dadivosa, pero ahora le cuesta a ella.

MORALEJA: “Dadivosa con lo ajeno.”

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