En general me llevo bien con mis perritos, que son once, todos adoptados. Hace tiempo que ya no vienen a dejarnos más. Espero que la gente se haya vuelto más responsable y ésta sea la razón.
Hemos dado en adopción como a 30, todos rescatados de la calle, pero los que tenemos, ya de casa, son once. Oscilan entre los tres y los once años de edad.
Los mayores: Chikita, Skoll, Hati y Morwen son un amor, son muy entendidos y obedientes. Morwen tiene 10 años, es la líder de 3 más: Skoll, Pimienta y Oliva, éstos viven en la primera casa (de mi hija). Dos de ellas ahí nacieron, tienen cerca de 7 años. Son muy inteligentes y educados. En esa misma casa, pero separadas, viven Bony –de alrededor de 5 años– y Yoli, de 3; es la más joven de la jauría, pero es tremenda; no es brava, sino exageradamente cariñosa y encimosa. Ella ha tomado cursos de obediencia con un entrenador, junto con Bony, pero aun así es tremenda.
Bony es una pitbull. Es un amor con las personas y obediente, pero muy agresiva cuando se trata de algún otro animal, nada más con que se muevan los ataca. Hace tiempo tratamos de darla en adopción, pero mató a un gatito, por lo que la regresaron al día siguiente. En una segunda ocasión también se llevaba mal con otros perritos y nos la devolvieron. Está en un espacio como de 5 metros de ancho por 25 metros de largo.
Los que están en la otra casa (la mía) son Chikita, Hati, Cocoa, Dantón y Peque; ahí el líder es el Peque, de 3 años. Las hembras son tranquilas, pero los machos son increíblemente desobedientes. El Peque se trae de encargo a Dantón, que creemos pueda ser su padre, con una diferencia de 6 o 7 meses de edad.
A todos los atiende el mismo veterinario, desde hace como 20 años. Hemos acudido a la Facultad de Veterinaria de la UNAM, a la UVM –con excelente servicio– y últimamente a una clínica particular con hospital. Los vacunan tres veces al año: la vacuna séxtuple, la de la rabia y otra para la tos… Uno de ellos tiene insuficiencia renal, otros dos cálculos también en los riñones.
A todos los queremos mucho, hablamos con ellos, nos disculpamos si los pisamos accidentalmente y les sobamos la patita. Tienen casitas para dormir pero en el día entran y salen a las respectivas casas donde vivimos nosotros y en las noches duermen adentro, con el pretexto de que le tienen miedo a los rayos y a los cuetes, o que a veces hace mucho frio; en fin, siempre encontramos un pretexto.
En la entrada de la casa hay dos lámparas, una de cada lado, y desde hace muchos años llegan unos pajaritos a anidar y poner huevitos. Es muy bonito ver cómo los padres les enseñan a volar y los alimentan de piquito a piquito.