Recuerdo de una o dos tardeadas, que hicieron en la Escuela Primaria “Felipe Neri” cuando yo tenía como 13 años, esto fue en Cuernavaca, Estado de Morelos. Estaba muy cerca de mi domicilio, además a esa Escuela asistía. También iban los padres de familia pero ellos no bailaban.
Alguna ocasión fui a una tardeada en el anexo de la Iglesia Episcopal, ahora Anglicana, ya que había jóvenes hospedados que cursaban la Secundaria o Preparatoria. Tocaban música de Gleen Miler y de otras bandas que no recuerdo.
La mejor época de mi adolescencia fue cuando llegamos al entonces Distrito Federal, procedentes de Cuernavaca, ya que la mayor parte de mi familia vivía aquí. Éramos alrededor de 20 familiares de la misma edad, además algunos pertenecíamos al coro de la iglesia. Nos divertíamos juntos. Había una enorme casa en Tacuba, con amplios jardines, a la que íbamos los domingos a realizar nuestras tardeadas. Ahí vivía una familia de apellido Querido. Después del servicio en la Iglesia, nos íbamos a bailar. Los jóvenes de esa familia y otros que asistían nos enseñaron los nuevos ritmos.
También íbamos a los retiros a un lugar llamado Alejandra, en el Estado de Morelos. Festejábamos al final con baile. Cerca de ahí pasaba un río y nos metíamos a bañar. Por cierto, en una ocasión, nos fuimos nadando más arriba dos sobrinos y yo, y había mucha corriente, ya me andaba ahogando y me rescataron muy asustada.
En una de esas ocasiones fuimos a una tardeada al pueblo, porque nos invitaron. Hicieron un concurso de Cha Cha Cha. Un joven que estudiaba medicina y yo ganamos, y se enojaron los del pueblo y nos corrieron. Salimos rápido y nos subimos a una camioneta que manejaba uno de los clérigos. Recuerdo que les gritamos “!perdedores, ya se va la civilización!”. Ahora sé que no estuvo bien, pero eran otros tiempos.