Es positivo sentir cualquier emoción; es decir, es normal sentir ansiedad, miedo, angustia, desconfianza, odio, etc… El problema es cómo enfrentarlas.

De pequeños dependemos mucho de la protección que nos proporcionan los padres. Dicha protección con el tiempo tratamos de enfrentarla, viviendo nuestras nuevas experiencias, a veces negativas, pero buscamos una solución. 

Antes no teníamos los medios de comunicación de ahora, que facilitan algunas emergencias. La violencia se ha incrementado y muchas veces, como se dice coloquialmente, “estamos con el Jesús en la boca”. Cuando escuchamos malas noticias sentimos miedo o terror, y siempre esperamos que no sea alguien cercano, pero también debe ser terrible para la persona a quien le acontece.

Ahora procuramos estar al pendiente de los demás a través del celular, que resulta ser una maravilla, y también tratamos de evitar que cunda el pánico.

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