En el trascurso de mi vida he sentido en algunas ocasiones soledad, acompañada de angustia; por ejemplo cuando mis hijos se casaron, pero fue pasajero, ya que estudiaba en el C.C.H. Sur y, como trabajaba, a querer o no se ocupa uno de otras cosas; o cuando mi hija se fue a Tijuana por casi dos años.
Afortunadamente en este tiempo, en una protesta contra el Rector Soberón en C.U., un compañero de Química me reconoció y junto con otros trabajadores de la Secretaría de la Reforma Agraria formamos al interior una Corriente Democrática Sindical, allá por los ochenta y tantos, cuando era muy difícil protestar en el gobierno. Al defender a trabajadores del rubro de “Honorarios” nos despidieron a 8 empleados de base, que teníamos entre 3 y 23 años de servicios, yo como única mujer. Aún así fue muy reconfortante contar con la solidaridad de la CNTE (Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación), así como de Rosario Ibarra de Piedra, del SITUAM (Sindicato de Trabajadores de la Universidad Autónoma de México) y del PRT (Partido Revolucionario de los Trabajadores). Posteriormente me afilié a este Partido.
Después de cuatro meses de esfuerzos fuimos reinstalados y participamos en las siguientes elecciones a la Secretaría General del Sindicato; en la segunda ocasión fui candidata a nivel nacional.