Tamal (del náhuatl tamalli, que significa envuelto), platillo de origen indígena hecho normalmente con masa de maíz y envuelto en hojas de mazorca de la misma planta o de plátano. Pueden llevar relleno o no, el cual puede ser de carne, vegetales, chile, frutas o salsas, ya sea con sabor dulce o salado.

Los tamales –se cree– tienen su origen donde había maíz, posiblemente desde México hasta Sudamérica, y de ahí fue llevado a otras culturas y regiones. Los tamales son descritos en México por Fray Bernardino de Sahagún en Historia General de las Casas de Nueva España a principio del siglo XVI.

Algunos autores hacen referencia que no sólo era comida de la gente común, también era de los nobles, y lo comían los sacerdotes en ciertas ceremonias. En ningún país como México hay tanta diversidad de tamales, se calcula existen entre 500 y 1,000 tipos de tamal en todo el país.

Los tamales se ofrecen en fiestas; en las ofrendas de Día de Muertos no pueden faltar. En las mañanas se venden en las esquinas, yo creo, de todo el Distrito Federal.

Muchos años, durante la reconstrucción con motivo de los sismos, era nuestro desayuno junto con atole, porque había que estar desde muy temprano en la oficina de la Unión de Inquilinos y Damnificados del Centro, así que los comprábamos en la esquina de las calles Chimalpopoca y Zapotecos, donde empieza la Colonia Obrera, a una cuadra de Fray Servando Teresa de Mier.

Cuando mis hijos eran pequeños les hacía tamales y pastel para sus cumpleaños, aún me saboreo por lo ricos que son. Creo que es uno de los alimentos que todo mexicano ha comido.

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