Han pasado muchos años para conseguir cierta igualdad económica y emocional con respecto al hombre. Me hice feminista en la práctica, no en los libros. Creo ser muy persistente y a veces necia para conseguir lo que quiero. Pronto cumpliré 75 años y, como dice mi hija, lucho contra mis demonios: la intolerancia y estar a la defensiva
Más o menos en 1976 se abrió un programa en la S.E.P. de secundaria al que me inscribí. Yo había estudiado para secretaria, porque en ese tiempo se suponía que las mujeres nos casábamos y nos mantenían; error fatal. Cuando fue el examen para ingresar a la Prepa aún no me entregaban mi documento de que había cursado la secundaria. Me fui de oyente al C.C.H Sur junto con algunos rechazados. En ese plantel estudiaban mis hijos Leslíe y Hugo, ella salía y era el último año de él. Al siguiente año hice el examen de admisión y me quedé en el C.C.H Sur. Por cierto, en la Dirección me reconocieron ese año y oficialmente lo terminé en dos años. Después me fui a CU, a Ciencias Políticas. En una manifestación en contra del rector Soberón vi a un compañero de la Secretaria de la Reforma Agraria, quien posteriormente me invitó a unas pláticas y formamos una Corriente Democrática en el sindicato.
En 1979 mis hijos se casaron y, bueno, había que apoyarlos; eran muy jóvenes. Yo me casé siendo menor de edad y pronto me di cuenta de que había sido un error, porque, aunque decía que me quería, era celoso y violento. Dos veces me golpeó; una me pegó contra la pared. Gracias a una concuña y un primo de él, que me lo quitaron de encima, salí corriendo a la casa de mis padres. Me buscó y pidió perdón y volví. Intenté varias veces tener un hogar, pero finalmente me armé de valor y nunca más volví con él. Iba a esperarme afuera de mi trabajo, a veces me sacaban escondida en un coche para que no me viera. En otra ocasión, ebrio, me siguió. Yo llevaba a mis hijos, una de la mano y otro cargándolo y me plantó un golpe en la cara. Sola lo enfrenté varias veces, finalmente le había perdido el miedo. Algunos años después, en abril de 1970, murió en un accidente. Nunca me dio el divorcio.
En 1982 mi hija participó en la campaña de Rosario Ibarra, quien era candidata a la presidencia. En unas vacaciones la acompañé a dos o tres estados para hacer campaña. Después se fue se fue a Tijuana. Ese año formamos la Corriente Democrática Sindical y en enero de 1983 nos despidieron a siete trabajadores, seis de la Dirección Jurídica y uno de Recursos Humanos. En una asamblea cuestioné al Secretario General del Sindicato –Carlos Zenil– sobre la defensa de los trabajadores ante las autoridades y en diciembre convocamos a los empleados de honorarios para apoyarlos; por esa razón nos despidieron.
Cuando estuvimos despedidos hicimos de todo para ser reinstalados, nos contactamos con el SITUAM que nos apoyó con material, con grupos disidentes de la FSTSE como Pesca, Programación y Presupuesto, Agricultura y otros. Hacíamos nuestras reuniones en la CIOAC y el PRT nos hacía nuestros boletines de prensa y los enviaba a los periódicos. El maestro Rodríguez Araujo escribió en una revista sobre nuestro problema, la CNTE también nos apoyó en dos mítines. Incluso tres de nuestros compañeros despedidos se pusieron en huelga de hambre. Hasta Rosario Ibarra fue al último mitin, ese día nos reinstalaron. Yo en ese entonces tenía 23 años de servicios, por lo que algunas personas con las que había trabajado –un familiar y un director de Gobernación– me ofrecieron reinstalarme, pero no podía dejar solos a mis compañeros.
En ese año –1983–había elecciones a Secretario General Del sindicato y registramos a un compañero que había sido despedido. Eso nos sirvió para darnos a conocer en los estados de la República. Claro, no ganamos. Además en ese tiempo la gente era miedosa, se conformaba con lo que el gobierno nos daba cada año. En 1985 fui candidata a la Secretaría General del Sindicato y posteriormente candidata por el 6º Distrito en el D.F. por el PRT, al cual había ingresado después de haber sido despedida.
Ese año, después de las elecciones, me fui a conocer varios países. Mi hija se encontraba en Holanda y me propuso que el dinero que había ahorrado para la barda de un terreno que compré en 1981 lo utilizara para ir a conocer y que nos encontráramos en Luxemburgo, así lo hice. De ahí fuimos a París, a casa de unos camaradas; después a España y finalmente a Marruecos. Fue maravilloso. Estuve en un Congreso de la IV Internacional en Madrid; conocí varios lugares de España, entre ellos Granada, donde años después se iría a estudiar un doctorado mi hija, ya con su pequeño hijo, Alex.
Cuando regresamos, empezamos a organizar un grupo de solicitantes de vivienda. Nos prestaban un salón de actos de la iglesia Episcopal a la que yo pertenecía, al poco tiempo–en septiembre– fueron los sismos que estremecieron al Distrito Federal. Algunos compañeros de la Secretaría donde trabajaba vivían en el centro histórico, y otros que eran solicitantes de vivienda nos pidieron ayuda e inmediatamente acudimos; ya mi hija andaba de voluntaria acarreando cadáveres junto con otro camarada. Al principio el ejército no nos dejaba entrar, pero poco a poco empezamos a organizar a los vecinos y de pronto había ya alrededor de 60 vecindades y edificios organizados. Hubo una marcha que organizó Tlatelolco, que había sido duramente afectada, y nos unimos a ellos. En esa ocasión entró mi hija Leslíe junto a los de Tlatelolco, los recibió Miguel de la Madrid. A partir de ahí empezó una lucha intensa contra el PRI y sobre todo por la reivindicación de que los vecinos no salieran del Centro, sino que se les reconstruyera sus viviendas. Se creó la Coordinadora Única de Damnificados y se dio una lucha intensa de los vecinos y sobre todo la izquierda había tomado la delantera; de ahí surgió una gran esperanza. Muchos vecinos, gracias a la organización a la que convocamos, lograron quedarse y otros salieron beneficiados con la ayuda internacional que fue entregada directamente a las organizaciones, debido a la corrupción existente en el gobierno para vivienda nueva. Mi hija Leslíe escribió un libro llamado “Aquí nos Quedaremos”, con prólogo de Cristina Pacheco y editado por la Ibero y la Unión de Vecinos y Damnificados 19 de Septiembre,
En 1967 compré un Depto. A través del ISSSTE, que termine de pagar en 1982. En 1968, cuando sucedió lo de Tlatelolco, trabajaba en la Oficialía Mayor de Secretaría de la Reforma Agraria; estaba prohibido que se juntaran más de 3 personas. Tenía un compañero que estudiaba precisamente en la escuela en la que había surgido el problema, seguido no llegaba porque lo detenían; Él nos platicaba lo que sucedía. Algunas veces fuimos a ver al centro. En 16 de Septiembre llegamos a ver sangre en las paredes. También como trabajadores nos llevaron al zócalo al desagravio a la bandera. Por cierto que en esa época mis hijos me hacían manifestaciones en la sala y decían “que Muera Cueto”, jefe de la policía de ese entonces; ellos también estaban al tanto.
En una ocasión que íbamos a la clase de piano, vimos –a unas cuantas cuadras de la Prepa 7– que había muchos granaderos y escuchamos que se dirigían a la Prepa. Ya no fuimos a la clase, nos fuimos a la Prepa a avisarles a los estudiantes; fue nuestra hazaña. También vimos la Marcha del Silencio. La mayor parte de la información era verbal, porque los periódicos no decían nada. Solo un periodiquito llamado “Por Esto”, que editaba Heberto Castillo. Fue terrible esa época.
Cuando mi hija cumplió 15 años le regalé un VW usado. Íbamos mucho al cine y de ahí a los tacos. En ese entonces todavía alcanzaba el dinero para eso. De chicos, modestamente, conocieron las playas de Acapulco y Veracruz, Oaxaca y algunos lugares cercanos al D.F. y vieron todas las películas de Wall Disney. Cuando vimos Mary Poppins nos echamos toda una función haciendo cola en el Cine Chapultepec. También la iglesia hacía excursiones a las que íbamos. No deben tener tan malos recuerdos de su infancia… Bueno eso digo yo.
En 1992 vendí mi departamento y construí una pequeña casa en San Andrés Totoltepec. En l993 me invitaron a participar en las Comunidades Eclesiales de Base, ahí también participé en una organización llamada Pueblos en Lucha y nos reuníamos también con otros compañeros de San Pedro Mártir, llamados Pueblos Unidos del Sur.
En 1994, junto con mi hija Leslíe participamos en la consulta por la paz y pusimos nuestra mesa, había en ese entonces como unas 50 casas por el rumbo de la Casa Tlalpan, votaron más de 100 personas. Posteriormente fui de las primeras 20 promotoras del Frente Zapatista de Liberación Nacional, fui dos veces a la comunidad zapatista llamada La Realidad, en Chiapas; la primera vez estuve a cinco centímetros del Subcomandante Marcos y le regalé un libro que escribió mi hijo Hugo, llamado “El Rock y las Bandas Juveniles”, allá por 1994. Por cierto, también en el año de 1993 nos reuníamos los vecinos por la cuestión de la seguridad. Posteriormente nos constituimos como una asociación civil llamada AVACAT, en la cual sigo participando.
Nací en Cuernavaca, pero mis primeros años viví en Jojutla, Estado de Morelos. Después de que murió un pequeño hermano nos regresamos a Cuernavaca, donde terminé la primaria y estudié comercio. En la primaria teníamos un maestro de educación física que también daba clases en una escuela particular llamada Cristóbal Colón y organizaba encuentros de voleibol, de ahí conocí a muchos jóvenes y me hice novia de uno de ellos, con quien conservé la amistad por alrededor de 60 años, también me hice amiga de otro que posteriormente ocupó cargos políticos; Supe recientemente que había muerto.
De mi niñez recuerdo el kínder público al que iba junto con unos sobrinos. Recuerdo también en la primaria que un primo hermano, que estaba en grados más adelante, nos defendía de algunos niños que nos molestaban. En julio de 2014 falleció.